SONRIO A LA SOLEDAD
En la quietud de una noche que no pide nada, me siento a conversar con mi propia sombra. Ella no responde, pero tampoco me abandona, y en ese silencio hallo una leve corona de estrellas que no alcanzo, pero que me nombran. Sonrío a la soledad, la abrazo sin prisa, como quien acaricia un gato que no se deja. Hay algo dulce en no tener que explicarse, en ser el mar y la orilla, la pregunta y la frase, en ser, simplemente, sin que nadie lo interprete. Pienso en alguien que quizás piensa en mí ahora, y esa posibilidad me basta y me sobra. No necesito pruebas, ni mensajes, ni señales, solo la certeza tenue de los corales que crecen en lo hondo, donde la luz no alcanza. Hay amores que viven en el aire que respiro, que no reclaman cuerpo, ni tiempo, ni testigo. Son como el perfume de una flor que ya no existe, pero que al cerrar los ojos, todavía persiste en el rincón más ti...