FRAGANCIA DE PIEL
En la penumbra del atardecer que muere, tus ojos son faroles de tibia luz, y entre los pliegues de tu cuello, donde fluye el tiempo callado, hallo mi refugio. Es allí donde la noche se hace suave, donde el silencio tiene nombre de ternura, y el aliento de tu piel ~ese jardín secreto~ me habla de mundos que deseo poseer. No es perfume de flores ni de incienso, es algo más antiguo que el recuerdo, el aroma de los días que aún no vivimos y de los besos que el destino nos debe. Me inclino, cierro los ojos, y respiro la geografía de tu cuello, de tu mano, de ese rincón donde late tu pulso como un reloj que mide otra dimensión. Y en esa fragancia hallo la certeza de que existen puertas sin necesidad de llaves, de que el amor no pide permiso ni explicaciones, sólo este instante: tú, yo, y lo que somos. Así, entre la sombra y la primera estrella, me quedo quieto, bebiendo tu ...