SONRIO A LA SOLEDAD

 

En la quietud de una noche 
que no pide nada,
me siento a conversar 
con mi propia sombra.
Ella no responde, 
pero tampoco me abandona,
y en ese silencio 
hallo una leve corona
de estrellas que no alcanzo, 
pero que me nombran.

Sonrío a la soledad, 
la abrazo sin prisa,
como quien acaricia 
un gato que no se deja.
Hay algo dulce 
en no tener que explicarse,
en ser el mar y la orilla, 
la pregunta y la frase,
en ser, simplemente, 
sin que nadie lo interprete.

Pienso en alguien que quizás 
piensa en mí ahora,
y esa posibilidad 
me basta y me sobra.
No necesito pruebas, 
ni mensajes, ni señales,
solo la certeza tenue 
de los corales
que crecen en lo hondo, 
donde la luz no alcanza.

Hay amores que viven 
en el aire que respiro,
que no reclaman cuerpo, 
ni tiempo, ni testigo.
Son como el perfume 
de una flor que ya no existe,
pero que al cerrar los ojos, 
todavía persiste
en el rincón más tibio 
de esta soledad mía.

Y así, entre lo que tengo 
y lo que nunca tuve,
aprendo a no medir 
lo que mi alma asume.
La soledad no es hueco, 
es espacio para el canto,
para que viva en paz 
todo lo que soy de tanto callar 
de tanto esperar, 
de tanto querer en vano.

Sonrío a la soledad, 
porque ella me ha dado
la mesa donde
se sienta a mi lado.
No pido compañía 
que no venga del alma,
solo esta luz tenue, 
esta noche sin drama,
y la certeza quieta 
de que todo, en silencio, calla.

ᴋʀᴏᴄᴋ

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