Cuando aprendes que tus grietas son molestas, aprendes a ser un muro sin fisuras. Aprendes a aplazar tu hambre de cariño, a posponer el llanto para no anegar la calma aparente, a disimular el vértigo con pasos firmes. Y lo triste es que esa armadura se te fusiona a la piel. Dejas de nombrar porque las palabras se perdían, dejas de esperar porque el eco era tu única respuesta, dejas de creer en los puentes porque siempre te tocó nadar a la orilla opuesta. Así es como quien solo anhelaba un "estoy aquí" se transforma en una isla con faro apagado, que confunde resiliencia con olvido, que cree que merece el frío de su propio invierno. Hasta que la tormenta que tanto calmó para otros estalla en su centro. Y no es el trueno lo que lo quiebra, sino el silencio acumulado, el diluvio de todo lo que, para no ser carga, convirtió en piedra en su pecho. ᴋʀᴏᴄᴋ