VACÍOS MOMENTOS
Ya no hay puentes, solo el eco de un silencio que pesa como humedad antes de la lluvia. Cada gesto aprendido se ha vuelto extraño, como si nuestros cuerpos hubieran olvidado el idioma que inventaron juntos. En los rincones de esta habitación aún flotan palabras dichas al borde del sueño, pero ya no encuentran a quién tocar. A veces la memoria es un espejo empañado: respiras cerca y todo se vuelve vaho, nada. Quizás el amor se desgasta así, como la cuerda de una campana que repica sola tras la tormenta. Mejor dejarlo ir, no por orgullo, sino porque el suelo que pisamos ya no es el mismo. Algo se rompió sin estrépito, como una promesa que envejece en un cajón. Ahora solo queda esta paz incómoda, este saber sin ganador, solo dos caminos que se separan sin rencor, apenas con la ...