LA OFRENDA DEL CRISTAL
Se apaga
el eco del derrumbe,
allí donde el tiempo
dejó de ser herida
para volverse cauce.
He desandado
el laberinto de la sombra
y traigo las manos
lavadas por el olvido,
con el alma sin costuras,
como si el dolor nunca
hubiera tenido nombre.
Siento el retorno del fuego:
un rumor de mareas
bajo la piel,
el hambre de luz
que reclama la carne
y este latido,
impaciente y nítido,
que dicta que es hora
de volver a arder.
Me ofrezco ahora como
el cuenco de un rito:
transparente, sereno,
limpio de antiguos
pozos y cenizas.
Un cristal que espera,
en su sagrado vacío,
la esencia pura,
el vino exacto,
y el labio sabio
que sepa descifrar
el sabor de lo que
vuelve a comenzar.
ᴋʀᴏᴄᴋ
el eco del derrumbe,
allí donde el tiempo
dejó de ser herida
para volverse cauce.
He desandado
el laberinto de la sombra
y traigo las manos
lavadas por el olvido,
con el alma sin costuras,
como si el dolor nunca
hubiera tenido nombre.
Siento el retorno del fuego:
un rumor de mareas
bajo la piel,
el hambre de luz
que reclama la carne
y este latido,
impaciente y nítido,
que dicta que es hora
de volver a arder.
Me ofrezco ahora como
el cuenco de un rito:
transparente, sereno,
limpio de antiguos
pozos y cenizas.
Un cristal que espera,
en su sagrado vacío,
la esencia pura,
el vino exacto,
y el labio sabio
que sepa descifrar
el sabor de lo que
vuelve a comenzar.
ᴋʀᴏᴄᴋ

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