DISTANCIA Y LUZ
No regresa la forma
de tu latido en mi pecho,
ni la tibia costumbre
de nombrarnos en voz baja;
cuando el cuerpo se ausenta
se disuelven los gestos
que el recuerdo no alcanza.
Las caricias se vuelven
polvo de antigua ternura,
un brillo que el tiempo
aprendió a borrar;
nos quedan la ausencia,
el peso y la hondura,
pero no la verdad
de todo lo que supo amar.
Porque el alma no muere
ni el amor se encierra:
cruza intacto
la frontera del dolor.
Quien partió se hace llama
en nuestra tiniebla,
y vive en nosotros
con eterno fulgor.
Ellos son luz
en la noche más larga;
y amar, al final,
es lo único que no se apaga.
ᴋʀᴏᴄᴋ
de tu latido en mi pecho,
ni la tibia costumbre
de nombrarnos en voz baja;
cuando el cuerpo se ausenta
se disuelven los gestos
que el recuerdo no alcanza.
Las caricias se vuelven
polvo de antigua ternura,
un brillo que el tiempo
aprendió a borrar;
nos quedan la ausencia,
el peso y la hondura,
pero no la verdad
de todo lo que supo amar.
Porque el alma no muere
ni el amor se encierra:
cruza intacto
la frontera del dolor.
Quien partió se hace llama
en nuestra tiniebla,
y vive en nosotros
con eterno fulgor.
Ellos son luz
en la noche más larga;
y amar, al final,
es lo único que no se apaga.
ᴋʀᴏᴄᴋ

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